El cataclismo ha llegado.
He derrotado a los silítidos en Ahn’Qiraj… He luchado contra la plaga en los zigurats del enemigo… He evitado la invasión de los grandes demonios en nuestras tierras, y los señores de Terrallende han caído bajo el peso de mi escudo. Incluso acabé con la desdicha del hijo, liberando el mal del cuerpo.
Pero tú… Alamuerte, has llegado a límites insospechados. Acabaré contigo, tarde o temprano, entrgaré tu cabeza a mi Jefe de Guerra, y pagarán con sangre aquellos enemigos que se opusieron a nosotros. No serás diferente a los demás.
Pienso acabar con todos tus terratenientes, generales, capitanes, y llegaré a tí. Tu prole no recibirá trato distinto, pues acabé con parte de ella, y la otra no será diferente. No necesito contar con la ayuda del Vuelo Rojo, Bronce, o cualquiera que esté en mi bando en la cruzada que estamos batallando en tu contra. Solo necesito mis armas, y el coraje que me ha llevado a través de este mundo, y otros. El Vuelo Crepuscular no supone ningun miedo frente a mí, sólo son escoria que bloquean el paso hasta tu final.
Azeroth llora tras las vejaciones que le has sometido, las tierras que has profanado. Escóndete a través de distintos planos de existencia, y llora en el rincón mas oscuro que encuentres. Llegaré hasta ti, y seccionaré tus miembros, uno por uno. Mi regocijo final será ver como se exhalas tu último aliento entre tu propia sangre.
Derrumbaré ejércitos, mataré legiones enteras. Y al final del camino, tú seras mi premio final. Por Azeroth. Por las vidas que has aniquilado.
Voy a por tí, Alamuerte.
Por la poderosa Horda, yo juro que morirás en mis manos. Palabra de guerrero.
Escuchando: Amon Amarth – Death in Fire
Mantenimiento: Motivo de diversión
Grandes noticias, próximas despedidas
¡Eh, sigo vivo! Bueno, en parte.
Si no publico es por mil y un motivos que no tienen ninguna explicación (A parte de la pereza, estudios, trabajo, hija, grupo de música, cervezas…); El tema está en que publico para decir que tras más de un mes sin jugar, ayer mismo volví a pagar, y con una pequeña diferencia en mi personaje…
Ahora me podreis encontrar bajo dicho nombre (Antes cornudo, ahora verde. Manda huevos), el cual quizás deje temporalmente aparcado para acabar de subir el Priest de WE.
Y la despedida no es que me vaya del juego, no tendreis tanta suerte, sino que estoy acabando de montar Vredens Tid 2.0, y mi huída a un servidor privado para poder meter mierda por un tubo sin joder a los TTT.
¡Volveré!
Maldini: Motivo de acojone.
*Conversa de MSN*
Maldini dice:
Te dejo un segundo, tengo que ir a partir rodillas a otro departamento.
Crecimiento desmesurado: Motivo de alegría.
Cinco kilazos y más de medio metro en menos de dos meses. Acojónate, Pau Gasol, Nagore viene a por tí.
Nagore.
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Bienvenida a este mundo cruel e insípido, hija mía. A los mismísimos dioses pongo por testigos que lucharé por todo aquello en lo que creas.
Nuevo LFG: Motivo de asombro
Es simplemente alucinante. El nuevo sistema de búsqueda de grupo, a nivel de encontrar gente para hacer instances, no tiene palabras. Pero todo tiene su parte difícil de entender. Todos nos encontraremos gente que va full verdes (Y que hace un DPS cojonudo y tiene un control de su personaje perfecto), y fulls epics que te preguntas con lágrimas en los ojos el por qué eBay vende cuentas del WoW.
Os propongo, a los que habeis usado este nuevo sistema, poner lo mas extraño que habeis visto, y saben los dioses que no será poco. Por ejemplo:
El paladín que jugaba desde la beta.
… Vale. Desde la beta. Por eso lleva el equipo que da espíritu (Joyero, con las respectivas gemas… de espíritu). Enchants de espíritu. Equipo de espíritu. Y curando a luces sagradas. Sobran las palabras.
El mago de batalla.
Mago. Enchants y gemas de fuerza. Pegando a bastonazos.
El hunter inteligente.
Todo equipo de chamán. Gemas de regeneración de maná.
Y así es como se fomenta la misantropía, queridos amiguitos.
El camino del Guerrero
Hay magia en las palabras. Un escritor transmite sentimientos en cada letra. Miedo, amor, confianza, todo ellos puede ser sentido al leer un texto. Y a veces encuentras un relato por internet, que te hace levantar cabeza y no rendirte.
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Yo soy el guerrero.
Cuando me veas, seguramente no estaré vestido formalmente. Estaré encerrado en mi acero. Estará sucio, con sangre, y abollado. No tengo una lengua rápida ni un elocuente discurso. No sé nada de las costumbres de la corte del rey, o la etiqueta formal de las grandes reuniones.
Yo soy conocido por muchos nombres. Tanque. Carne de cañón. Luchador. Camorrista. Cadáver.
Yo soy el guerrero.
No tengo la capacidad, ni la inclinación, para ocultarme en las sombras. No puedo atacar desde el sigilo con golpes devastadores, para a continuación, desaparecer en la oscuridad. No puedo incinerar a un enemigo a veinte pasos de distancia. No puedo brindar la muerte desde la distancia, a salvo de los contraataques de mi enemigo. Con el fin de matar, tengo que acercarme al enemigo. Ver sus ojos. Oler el aliento. Saboreo su miedo. Y él saborea el mio.
No puedo doblar la Naturaleza bajo mis deseos. No puedo controlar el Abismo y obligarlo a cumplir mis deseos. No puedo estudiar lo arcano y dominarlo bajo mi control. Yo no controlo nada salvo mi mente, mi cuerpo y mi voluntad. Es por ellos, y sólo ellos, que aguanto o caigo.
No tengo amigos en mi viaje. Ni caminantes del vacío, llamados del averno como sirvientes y guardaespaldas. Ni bestias leales de las llanuras o los bosques, para defenderme y reconfortarme en mi dolor. Mi único compañero es mi arma. Tengo que cuidar de ella mejor que cualquier cazador ha cuidado de su mascota. Tengo que dominarla más y mejor de lo que cualquier brujo haya dominado su demonio. Sin mí, es inútil. Sin ella, no soy nada.
No puedo sanarme. No puedo escudarme en la luz. No puedo llamar a los dioses y ver mis plegarias contestadas. Llamo a los espíritus de mis ancestros en el fragor de la batalla, y ellos están en silencio. La única protección que tengo es ofrecerme a mí mismo, mi sangre, mis huesos y mis nervios de acero, como sacrificio. Para parar los ataques de mis enemigos. Para aguantar los golpes que matarían a un ser menor, y seguir luchando.
No puedo matar con la velocidad y la gracia del pícaro, la rapidez y la conmoción de los cazadores, o la extravagancia y el poder del mago. Cuando me matan, es un negocio lento. Lenta y sangrienta para todos los interesados, incluido yo mismo. Yo lucho, a puñetazos y golpes de manera que mis compañeros puedan recibir la gloria de la matanza y las guirnaldas de la victoria. Si yo muero y ellos todavía viven, es un sacrificio previsto.
Soy de cualquier raza y tamaño. Lucho bajo mil banderas, en un millón de campos de batalla. Soy despedido por la alta alcurnia, despreciado por los nobles, reprendido por el clero, y olvidado por los campesinos. Hasta el momento en que el sonido de trompetas de batalla, y los que nos destruyen se acercan. Y entonces puede escucharse el lamento … “¿Dónde, oh dónde, está el guerrero?
Rezad a vuestros dioses para que yo siga respondiendo a esa llamada.
Pocos contestan la llamada. Menos aún sobreviven. Es un largo y duro viaje, pero este es el camino del guerrero. A lo largo de el se encuentran el dolor, el miedo y la muerte. Escasas recompensas y aún más escasa gratitud. Al final, para la mayoría, una tumba anónima en algún campo de batalla mecido por el viento. Eso si tienen suerte …
Y sin embargo, sigo luchando. Ni siquiera sé por qué. Tal vez por la gloria, tal vez por la fama, tal vez por dinero, tal vez por mi país, quizás por mi familia. Quizás es simplemente todo lo que sé hacer. Pero seguiré luchando. Te guste o no. Tanto si te percatas de ello o no. Estaré ahí afuera, en el fragor de la batalla. Luchando. Matando. Muriendo.
Yo soy el guerrero.
La muerte es mi negocio.
Sea la tuya … o la mía.
Como el cobre que se cambia en todo Azeroth, así es nuestra sangre en el campo de batalla, con la sola promesa de soportar un poco más en las interminables batallas, buscaré un fin rápido para mi, a pesar de la fortaleza que me guía, es la rabia de la batalla el combustibles que me mueve.
Sabiendo que me muevo por la mañana y me voy por la noche, me siento honrado cada día, por cada amanecer y el atardecer.
Únicamente es el miedo lo que temo, con la sangre de mis ancestros que piso bajo mis pasos. Busco lo peor que Azeroth tiene que ofrecer, sabiendo que mi arma será recordada únicamente por la sangre de quién lleva, ofrece un legado a aquellos que siguen nuestro camino.
Si nos encontráramos en un campo de batalla, querría que me abatieran rápidamente, pues es la sangre de la batalla la que me hace más fuerte, y los gritos de los guerreros caídos lo que me enfurece, fuera garantizada una muerte rápida, has perdonado tu vida y hecho a aquellos que vienen tras de mí más fuertes.
Como los incendios que se extienden y la rabia en las batallas por todo Azeroth, me encontrarás, no muerto, sino vivo y lleno de furia, como un torbellino segaré los campos de batalla y los teñiré de rojo, porque es todo lo que sé hacer, y debería pensar que algún día no habrá más guerras, porque algún día el caos deberá ser sometido por aquellos suficientemente valientes para sentir el peligro, y acudir a la llamada.
Mi armadura no es brillante ni está pulida y mis armas no están limpias, debo arrollidarme ante reyes y nobles, porque no es no interés mezclarme en los asuntos políticos de tales relaciones o hablar con grandilocuencia. Mi honor, mi valor me sirven bien y son enarbolados ante mis compañeros para proteger a aquellos pueden entender su grandeza.
Soy muy raramente afortunado si logro escapar de mis enemigos, y ello me ha hecho maestro de armas y las levanto en desafío.
Si tengo que ver a la muerte y saber que viene a por mí, la interceptaré, la desmoralizaré y la desafiaré antes de irme, voy a destrozar sus tendones y frenar su avance a través de mi facción, y si el tiempo lo permite debo desarmar a la muerte de modo que pueda superarla.
En caso de nuestras armas se crucen, y nuestras voluntades choquen, que gane el mejor guerrero.
Ese es el camino del Guerrero.
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Sea quien sea, el que haya escrito esto, muchas gracias.







