Se está acercando.
Tiembla, Sanguino. Tiembla por la que te va a caer encima.
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Bienvenida a este mundo cruel e insípido, hija mía. A los mismísimos dioses pongo por testigos que lucharé por todo aquello en lo que creas.
Es simplemente alucinante. El nuevo sistema de búsqueda de grupo, a nivel de encontrar gente para hacer instances, no tiene palabras. Pero todo tiene su parte difícil de entender. Todos nos encontraremos gente que va full verdes (Y que hace un DPS cojonudo y tiene un control de su personaje perfecto), y fulls epics que te preguntas con lágrimas en los ojos el por qué eBay vende cuentas del WoW.
Os propongo, a los que habeis usado este nuevo sistema, poner lo mas extraño que habeis visto, y saben los dioses que no será poco. Por ejemplo:
El paladín que jugaba desde la beta.
… Vale. Desde la beta. Por eso lleva el equipo que da espíritu (Joyero, con las respectivas gemas… de espíritu). Enchants de espíritu. Equipo de espíritu. Y curando a luces sagradas. Sobran las palabras.
El mago de batalla.
Mago. Enchants y gemas de fuerza. Pegando a bastonazos.
El hunter inteligente.
Todo equipo de chamán. Gemas de regeneración de maná.
Y así es como se fomenta la misantropía, queridos amiguitos.
Hay magia en las palabras. Un escritor transmite sentimientos en cada letra. Miedo, amor, confianza, todo ellos puede ser sentido al leer un texto. Y a veces encuentras un relato por internet, que te hace levantar cabeza y no rendirte.
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Yo soy el guerrero.
Cuando me veas, seguramente no estaré vestido formalmente. Estaré encerrado en mi acero. Estará sucio, con sangre, y abollado. No tengo una lengua rápida ni un elocuente discurso. No sé nada de las costumbres de la corte del rey, o la etiqueta formal de las grandes reuniones.
Yo soy conocido por muchos nombres. Tanque. Carne de cañón. Luchador. Camorrista. Cadáver.
Yo soy el guerrero.
No tengo la capacidad, ni la inclinación, para ocultarme en las sombras. No puedo atacar desde el sigilo con golpes devastadores, para a continuación, desaparecer en la oscuridad. No puedo incinerar a un enemigo a veinte pasos de distancia. No puedo brindar la muerte desde la distancia, a salvo de los contraataques de mi enemigo. Con el fin de matar, tengo que acercarme al enemigo. Ver sus ojos. Oler el aliento. Saboreo su miedo. Y él saborea el mio.
No puedo doblar la Naturaleza bajo mis deseos. No puedo controlar el Abismo y obligarlo a cumplir mis deseos. No puedo estudiar lo arcano y dominarlo bajo mi control. Yo no controlo nada salvo mi mente, mi cuerpo y mi voluntad. Es por ellos, y sólo ellos, que aguanto o caigo.
No tengo amigos en mi viaje. Ni caminantes del vacío, llamados del averno como sirvientes y guardaespaldas. Ni bestias leales de las llanuras o los bosques, para defenderme y reconfortarme en mi dolor. Mi único compañero es mi arma. Tengo que cuidar de ella mejor que cualquier cazador ha cuidado de su mascota. Tengo que dominarla más y mejor de lo que cualquier brujo haya dominado su demonio. Sin mí, es inútil. Sin ella, no soy nada.
No puedo sanarme. No puedo escudarme en la luz. No puedo llamar a los dioses y ver mis plegarias contestadas. Llamo a los espíritus de mis ancestros en el fragor de la batalla, y ellos están en silencio. La única protección que tengo es ofrecerme a mí mismo, mi sangre, mis huesos y mis nervios de acero, como sacrificio. Para parar los ataques de mis enemigos. Para aguantar los golpes que matarían a un ser menor, y seguir luchando.
No puedo matar con la velocidad y la gracia del pícaro, la rapidez y la conmoción de los cazadores, o la extravagancia y el poder del mago. Cuando me matan, es un negocio lento. Lenta y sangrienta para todos los interesados, incluido yo mismo. Yo lucho, a puñetazos y golpes de manera que mis compañeros puedan recibir la gloria de la matanza y las guirnaldas de la victoria. Si yo muero y ellos todavía viven, es un sacrificio previsto.
Soy de cualquier raza y tamaño. Lucho bajo mil banderas, en un millón de campos de batalla. Soy despedido por la alta alcurnia, despreciado por los nobles, reprendido por el clero, y olvidado por los campesinos. Hasta el momento en que el sonido de trompetas de batalla, y los que nos destruyen se acercan. Y entonces puede escucharse el lamento … “¿Dónde, oh dónde, está el guerrero?
Rezad a vuestros dioses para que yo siga respondiendo a esa llamada.
Pocos contestan la llamada. Menos aún sobreviven. Es un largo y duro viaje, pero este es el camino del guerrero. A lo largo de el se encuentran el dolor, el miedo y la muerte. Escasas recompensas y aún más escasa gratitud. Al final, para la mayoría, una tumba anónima en algún campo de batalla mecido por el viento. Eso si tienen suerte …
Y sin embargo, sigo luchando. Ni siquiera sé por qué. Tal vez por la gloria, tal vez por la fama, tal vez por dinero, tal vez por mi país, quizás por mi familia. Quizás es simplemente todo lo que sé hacer. Pero seguiré luchando. Te guste o no. Tanto si te percatas de ello o no. Estaré ahí afuera, en el fragor de la batalla. Luchando. Matando. Muriendo.
Yo soy el guerrero.
La muerte es mi negocio.
Sea la tuya … o la mía.
Como el cobre que se cambia en todo Azeroth, así es nuestra sangre en el campo de batalla, con la sola promesa de soportar un poco más en las interminables batallas, buscaré un fin rápido para mi, a pesar de la fortaleza que me guía, es la rabia de la batalla el combustibles que me mueve.
Sabiendo que me muevo por la mañana y me voy por la noche, me siento honrado cada día, por cada amanecer y el atardecer.
Únicamente es el miedo lo que temo, con la sangre de mis ancestros que piso bajo mis pasos. Busco lo peor que Azeroth tiene que ofrecer, sabiendo que mi arma será recordada únicamente por la sangre de quién lleva, ofrece un legado a aquellos que siguen nuestro camino.
Si nos encontráramos en un campo de batalla, querría que me abatieran rápidamente, pues es la sangre de la batalla la que me hace más fuerte, y los gritos de los guerreros caídos lo que me enfurece, fuera garantizada una muerte rápida, has perdonado tu vida y hecho a aquellos que vienen tras de mí más fuertes.
Como los incendios que se extienden y la rabia en las batallas por todo Azeroth, me encontrarás, no muerto, sino vivo y lleno de furia, como un torbellino segaré los campos de batalla y los teñiré de rojo, porque es todo lo que sé hacer, y debería pensar que algún día no habrá más guerras, porque algún día el caos deberá ser sometido por aquellos suficientemente valientes para sentir el peligro, y acudir a la llamada.
Mi armadura no es brillante ni está pulida y mis armas no están limpias, debo arrollidarme ante reyes y nobles, porque no es no interés mezclarme en los asuntos políticos de tales relaciones o hablar con grandilocuencia. Mi honor, mi valor me sirven bien y son enarbolados ante mis compañeros para proteger a aquellos pueden entender su grandeza.
Soy muy raramente afortunado si logro escapar de mis enemigos, y ello me ha hecho maestro de armas y las levanto en desafío.
Si tengo que ver a la muerte y saber que viene a por mí, la interceptaré, la desmoralizaré y la desafiaré antes de irme, voy a destrozar sus tendones y frenar su avance a través de mi facción, y si el tiempo lo permite debo desarmar a la muerte de modo que pueda superarla.
En caso de nuestras armas se crucen, y nuestras voluntades choquen, que gane el mejor guerrero.
Ese es el camino del Guerrero.
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Sea quien sea, el que haya escrito esto, muchas gracias.
¿Qué ha sido del verdadero significado de World of Warcraft? Hoy en día, solo se basa en conseguir épicos de mas iLVL, en ser el que tenga el rabo mas largo en el Recount, en presumir de logros. Todo se basa en equipo, en proezas de fuerza, en logros que demuestren que has hecho X cosa y, por lo tanto, es obligatorio que el resto de mortales, en su grandísima inferioridad, te idolatren como a un dios.
Cuando te dan una base de confianza, haces todo lo posible, incluso más, para no joderla. Cuando te dan la oportunidad de ir de raid a Ulduar10, con tu equipo de azules y cuatro épicos crafteados y de herrería, crees que eso te va grande, pero qué coño, te piden que vayas y no conoces la palabra miedo. Te dan el beneficio de la duda ante si puedes offtankear al Iron Council, porque segun ellos, el equipo del healer que llevas detras asusta hasta al mas pintado.
Cinco hostias de mierda le he durado al boss. ¿De quien ha sido la culpa? ¿Mía, por aceptar el invite? ¿Suya, por invitarme aún a sabiendas de mi carencia de equipo? Echar la culpa a uno a otro no cambiará nada. El tener que sudar sangre para encontrar un grupo que quiera venir contigo de heróicas, y que salgan al ver que solo tienes 24k de vida sin ningún bufo, desanima a cualquiera. Sin equipo, no hay heróica. Sin heróica, no hay equipo. El mundo va cada vez al reves, y en el momento en el que encuentras un grupo que acepta, aún con sus más y sus menos, que tankees y les salves el culo (Y el healer te salve el tuyo), tienes que estar atento a diez millones de cosas para que, en su infinito poder, esos DPS que llevan tier 39483204 no te quiten el aggro con tres críticos seguidos.
Un tank sin autocontrol, que no confía en sí mismo y en sus posibilidades, es un tank que puede borrar su personaje y cancelar su cuenta. Mortarion dijo que las ganas, las manos, y en menor medida el equipo, son los tres fundamentos que forjan a un verdadero jugador. Tengo las manos, no tengo el equipo. Y viendo el rumbo al que va el juego, temo que se acaben las ganas. Sé que el salto de 80 a tank es inmenso, un abismo realmente difícil de superar sin tus amistades cerca, con las que cuento, pero empieza a ser superior a mí. Y ello me ha llevado a tomar una decisión.
No pienso ir a Sanguino. Al menos de momento. Wipe Express no se merece cargar con un tank que va con azules, y el cual aún se está recuperando de esos cuatro años de hunter que le han destrozado las manos. Forjarme de nuevo el camino a seguir, saber del potencial que puedo llegar a alcanzar, sin tener que depender de rushes ni enchufes para conseguirlo. Ganarme de nuevo mi propia confianza, por mis propios métodos. Volver a fijarme una meta, y entonces, migraré a Sanguino.
Cuando vuelva a tener toda la confianza en mí mismo. Cuando vuelva a ser un guerrero de verdad.
Adiós al hunter. No lo borro, pero lo dejo. Llevo cuatro años pegando flechazos y balazos por doquier, arrancando cabezas de cuajo con un disparo certero. Pero quiero volver a mis inicios. En el Wow Classic tuve un tank. Un warrior trol mas hermoso que las pesetas. Y he decidido que me gustaba lamerle los cojones a Ragnaros, y pienso hacerlo de nuevo.
No. No me subiré un jodido priest holy (De momento, ese va a ser mi señor alter).
En Colinas me subí un Warrior enano bien hermosote, y ya es nivel 78. Bueno, ahora mas que hermosote… es… simplemente enorme.
Próximo gasto: Migración a Sanguino. Tiembla, Wipe Express, que va a aterrizar media tonelada de acero noruego (Que no toledano) en vuestro servidor.
Exacto. Visto que dejé de jugar para no pagar más, y por hados del destino he conseguido una cuenta pagada hasta el año que viene y con triple exp disponible, me voy a la horda.
Con Mortarion, Lunne, Sak, Tiki, Pata, Suten, Maldini, Modgur…
He cambiado el nombre del pj a Thrudheim, mi enano, para que no haya violaciones visuales al confundirme con mi nueva y maravillosamente erótica sección de Lore en Trastos de Guerra. ¡Os veo todos los miércoles para hablar de ello!
Ah, y lo siento por no actualizar. Todo lo que me pasa lo leeis en el bloj de las raids de Mortarion.
Os preguntareis (Y si no lo haceis, que os den por el orto) qué ha estado haciendo mi persona durante todo este tiempo que he estado desaparecido completamente para todo, excepto para acudir a las raids de Abadie. Y el motivo es extremadamente sencillo.
Como diría Mortarion: “Independencia motherfuckin’ DOWN“. No, no lo habeis leído mal. Al final he cogido las maletitas y me he marchado de la casa de mis progenitores para adentrarme en la de mi puta healer personal, el señor-paladín Noec y Khimaira, la gnoma mas gitana de Azeroth. Sí. Me he ido de casa de mis padres para irme a la de mi hermana. Tiene cojones la cosa. La sensación de bajar las escaleras de la que ha sido durante tantos años tu morada mientras, de fondo, me imaginaba sonando el Home of Once Brave de Bathory, es algo brutal.
Y ahora, a las 4 y cuarto de la mañana, por fin. Soy un hombre libre.
Que empiece el desfile de regalos, que uno hoy se hace viejo.
He dicho.